Para mi mejor amiga ^^
Suerte que te tengo aquí
¿Qué haría yo sin ti?
Te quiero tanto, de verdad
Eres mi mejor amiga
y eso nunca cambiará
Eso espero, porque eres lo mejor
Eres mi apoyo
Siempre estás presente cuando te necesito
Siempre puedo acudir a ti
Contarte cualquier cosa
Confío en ti
Déjame decirte ahora
Que estarás siempre a mi lado
Aunque no estés conmigo
Pensaré en ti
Aunque no tu no estés aquí
Porque te quiero tanto...
Te recordaré hasta que mi memoria se olvide de recordar
Sé que tu mano podré alcanzar cuando la necesite
Cuando necesite que alguien me escuche, me aconseje, me anime...
...Me quiera...
Eres la única mejor amiga que me queda
Aún permanecemos juntas, cómo cuando éramos pequeñas
Unas crías que nada sabían aún de la vida
Pero que ahora van creciendo y se dan cuenta
Nos tenemos la una a la otra, y eso es lo que cuenta
Porque yo sin ti no soy nada
Puede que mienta
Pero yo sin ti me derrumbo
Porque nadie queda que me comprenda
Como tu lo haces, amiga mía
Ahora quiero que me atiendas:
No te separes de mi, corazón, porque eres mi sol
Quien da calor a mi razón, quien me hace ver lo mejor
Quien me ayuda a no ser tan pesimista
Quien me hace ver las cosas buenas de la vida
Así que permanece junto a mi
Yo seré ese apoyo que necesitas cuando lo necesites
Lo haré por ti.
''TE VAS''
Siento...siento que te vas.
Recordando he recordado que algo me querías contar.
Lo siento. No te presté atención.
Porque mi cabeza intentaba buscar soluciones.
A las últimas notícias, a los últimos rumores.
No quería creer lo que decían...¡demasiado dolor!
Dicen que cuando el río suena es que agua lleva.
Empiezo a creer en eso. Suele ser mas o menos verdad.
Finalmente, les escuché.
Escuché todo lo que decían.
Y resultó ser verdad, pero yo no las creía.
Porque tu me lo estabas ocultando todo. Y todo con mentiras
Y ahora que te vas.
¡Me estás dejando sola! ¿Sabes que te odio?
Si en parte eres quien me dió la vida, y ahora eres el que me la está quitando...
...¡Te extraño!, ¡te amo!.
No lo entiendes ni lo entenderás.
Si te atreves a dejarme sola, completamente sola...
Ahora déjame en paz, déjame ya.
Porque te vas...

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Cómo hemos cambiado ¿verdad?
Viendo el vídeo de mi primera comunión empecé a pensar
Cada uno de nosotros, entonces pequeños
Guiaban nuestro camino, estando indefensos.
Hay que ver lo que se aprende con el paso de los años...
Antes no sabíamos nada. Críos éramos, antaño.
Ahora observo el cambio de la gente intelectualmente.
Siento que me derrumbo viendo tantas estupideces
Nadie es perfecto, tampoco lo soy yo.
Pero si no puedo juzgar por lo que veo...
¿Cómo librarme de todo lo que siento?
¿Cómo mejor sino, que escribiendo?
Pienso que no me se explicar sin ofender a los demás
Pero no puedo reprimirme más
Veo como mi alrededor cambia tan deprisa...
No me dan tiempo para acostumbrarme, para entenderles
Suerte que, en el último momento, cuando ya no creía en nadie
Conocí gente con la que me encuentro bien, es fácil encariñarse
Creía estar sola junto a mis pensamientos
Me hacía falta todo esto
Agradezco que aun quede gente así
No sé cómo decirlo, hay tanto sentimiento...
¡Ahora!
Ahora es cuando he aprendido algo importante
Sólo puedo excluir a la gente que nada me aporta
Sintiéndolo mucho, hay personas que nada me importan
He aprendido a pensar en mi
Y en cuál es el camino que debo seguir
¿Sabes qué he decidido?
No avanzar sin ti.

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Siento cientos de ojos que me miran.
En cambio sé que no me ven.
De mi se olvidarán.
Cuando yo no esté.
Voy con mis amigas.
Pasando desapercibida.
Están hablando entre ellas.
De mi se olvidan.
¿Hay alguien que me ve? ¿Alguien que me siente?
El mundo de mi se olvidó de repente.
Pero seguro que aquí, aun hay alguien que piensa en mi.
Es él. Sé que no me ha olvidado.
Aunque yo sí lo hiciera con él.
Le hice mucho daño.
No puedo volver.
Sólo lo utilicé.
Y me sentí bien.
En cambio... él de mi no se ha olvidado...

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Tú, ¡el niño mimado que todo lo querías!
Tan mentiroso como ambicioso lo que querías lo conseguías.
Pero el día menos pensado te llevaste una sorpresa.
Y todo empezó a cambiar dentro de tu cabeza.
Una chica diferente la creíste especial.
Despertó en ti un sentimiento. Eso te fue fatal.
Sin que tu te dieses cuenta llenó tu cabeza de estupideces.
Fueron muchas las mentiras que te atraparon en sus redes.
La chica te empezó a lucir, como si de un perro se tratase.
Te paseó, y te pasearía hasta que ella misma se hartase.
Tu no te dabas cuenta, pero a rastras ibas siguiéndola.
Dominado estabas, y cegado por su belleza.
Y intentando escribir este poema, me encuentro yo.
Recordando a duras penas todo lo que ocurrió.
¡Mi corazón sangra! Sangra de dolor.
No quiero verte así. No, ya no.
Hoy en día han cambiado tantas cosas...
No sé lo que prefiero, si lo de antes o lo de ahora.
¡Cuéntame qué te paso! ¡Quién te cambió!
Te quería como eras; un mimado sin fronteras.
Pero nunca nadie te había marginado hasta ahora.
Me duele verte así, quiero que vuelvas a vivir...
Conozco a alguien que te quiere, ella te hará sentir.
¿Sabes qué? Ella conoce tus sentimientos porque a ella le sucedió.
Día a día por la noche, se enfrentaba a su dolor.
Conócela y no la rechaces porque esa chico soy yo.

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Literatura infantil.
Marc se fue a dormir pensando en sus juguetes. Aquella tarde se le habían perdido sus dos juguetes preferidos. Se había quedado un buen rato buscándolos, pero su madre le había ordenado que se fuera a dormir, ya era muy tarde.
Pero Marc no podía dejar de pensar en ellos. ¿Dónde estarían? Tenía que encontrarlos. Es más, los iba a encontrar.
Marc se levantó de su cama, cogiendo a su oso de peluche y fue hacia el cajón de su escritorio. Lo abrió, y cogió una linterna. Siempre le había dado miedo la oscuridad.
Cuando ya tubo la linterna en sus manos, volvió a la cama, se tapó el cuerpo entero con las sábanas, y encendió la linterna.
Allí, debajo de su almohada siempre guardaba un libro.
Cada noche, Marc se aseguraba de que sus padres dormían, entonces encendía su linterna bajo las sábanas, y leía y leía hasta quedarse dormido.
No sabía cómo se llamaba ese libro, pues lo había encontrado arrinconado por casualidad en la biblioteca de su colegio, y no llevaba tapa. En ningún sitio estaba escrito su nombre, pero a Marc le encantaba...
Trataba sobre piratas, hadas, duendes, gnomos...
Pero también había juguetes, o al menos eso se imaginaba. No podía pensar en un mundo sin juguetes. Pues creía que los juguetes eran lo que arrancaban miles de sonrisas de niños y niñas, lo que les hacía rebosar de felicidad, pero en cambio estaba equivocado.
Abrió el libro y siguió leyéndolo el libro desde donde se había quedado la noche anterior. Apenas había leído 5 páginas, pues Marc aún leía poco a poco. Sólo había leído el principio de aquella historia que tanto le gustaba sin saber por qué.
<
Marc se emocionó en aquella parte del libro. Su corazón empezó a latir rápidamente, sus manos temblaban, igual que su cuerpo. La cabeza le daba vueltas, parpadeaba sin parar con los ojos. Se estaba mareando, creía que la cabeza le iba a explotar en cualquier momento. Se puso las manos sobre su cabeza apretando contra ella intentado parar aquella situación.
-¡¿QUÉ ME PASA?! –gritó Marc al aire intentando encontrar una respuesta lo antes posible.
Antes de que le pudiera ocurrir algo.
De repente, su cuerpo ya no estaba en su habitación.
(Inacabado)

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I
Sintiéndose impotente ante aquellos rascacielos e inmensos edificios que se asomaban ante su ventana, la chica se estremeció, sin más. Ahora que estaba en la ciudad de sus sueños, no conseguía adaptarse a ella.
Tampoco conseguía entender la indiferencia de sus padres ante esos cambios tan bruscos. Seis meses aquí, seis meses allí... Nunca podría tener una vida normal. ¿Por qué tantos cambios? Siempre obtenía la misma respuesta.''Lo siento pequeña, cuestiones de trabajo''.
Su primer día en aquella ciudad había sido realmente espantoso. Sus compañeros de clase se la habían quedado mirando como si perteneciese a otra especie...Nadie había hablado con ella en toda la mañana. Y al llegar a casa, se había encontrado con un ambiente frío. Nadie en casa, nadie con quien hablar...Todo lo que amaba, todo lo que quería, lo había dejado atrás, en Londres.Todos sus amigos.. los sitios a los que frecuentaba ir...No había nada que hacer. Todo eso, ya estaba muy lejos de ella.
Intentó alejar aquellos pensamientos de ella sacudiendo la cabeza. Pero lo único que consiguió fue marearse. Se tumbó en la cama y se relajó. Ese día, Idril llevaba su pelo rubio y ondulado recogido en una
hermosa pinza, y pequeños mechones le caían ligeramente por su frente. Algunos tapándole sus bonitos ojos verdes cómo esmeraldas. Y otros tan largos que rozaban sus labios color carmín. Idril era alta, con
esbelta figura, y vestía de calle.
Estaba tan cansada, que no le apetecía cambiarse. Simplemente quería volver a hablar con sus padres y dormir. Sabía que ellos ya habían llegado del trabajo, aunque no escuchaba ningún ruido que pudiese confirmarlo.
En ese momento estaba a punto de cerrar los ojos cuando un enorme destello dorado la cegó completamente durante unos instantes, sintió un intenso dolor en los ojos, y un fuerte mareo. Quiso chillar , y así alejar el dolor de sus ojos, pero antes de que pudiera hacerlo, unas manos suaves le taparon fuertemente la boca intentando que la joven no dejase escapar ningún ruido de su boca. La chica intentó aguantar el peso de su propio cuerpo que ahora caía inconscientemente al suelo. La persona que le había callado las palabras, la cogió en brazos y desapareció de la habitación.
La joven, despertó completamente recuperada. Extrañamente no le dolía nada, se sentía mejor que nunca.
Dirigió la vista hacia la ventana esperando encontrarse con esos familiares rascacielos y grandes edificios que se podían observar desde su nueva habitación. Pero no fue así. Lo que se encontró fue algo muy
diferente. Un niño de unos siete años estaba sentado en la ventana , moviendo las piernas que parecían seguir el ritmo de alguna canción.
-¿Quién eres? -preguntó curiosa.
Se puso nerviosa al no obtener respuesta alguna, pero no esperó a que el pequeño hablara, pues notaba la presencia de alguien a sus espaldas.
Se giró cautelosamente y fue cuando se cruzó con la mirada más hermosa y al igual, la más extraña que nunca había visto.
La chica miró más allá de esos ojos y vio a un chico alto y fuerte, con un pelo moreno y alborotado cayéndole por la cara, una mirada angelical y a la vez fría como el hielo. Vestía con unos simples vaqueros y llevaba la parte de arriba al descubierto. Había que reconocer que en aquel lugar hacía bastante calor.
Después de contemplarle, el chico, la miró de arriba a bajo.
Ella enrojeció y agachó la cabeza. Pero volvió a subirla rápidamente intentando no intimidarse por una mirada, tenía muchas cosas que preguntar. Pero él se adelantó.
-Vaya... Idril Vardimir...- dijo el chico moreno. O más bien suspiró. -La quinceañera más buscada de todos los tiempos por Beleg...
La chica intentó intervenir pero se dio cuenta de que no le salían las palabras.
El chico se la quedó mirando con admiración.
-Eres muy guapa.- dijo él, sin más.
La chica se incorporó y decidió preguntar lo que venía preocupándole hacía un rato.
-¿Quién eres? –preguntó decidida. Aunque no sabía si había hecho lo correcto.
-Evendil Mad.
El corazón de la muchacha se aceleró al escuchar ese nombre. Le resultaba familiar, pero no sabía porqué. El chico sabía las preguntas que se estaba haciendo Idril, así que decidió respondérselas.
-Pertenezco a la Orden de Beleg. Beleg es mi padre y el jefe de la orden. Y como fiel que soy a la orden y a él, sigo las instrucciones que me da. -explicó el chico desinteresado por el tema, pero interesado en la chica.
Entonces la mirada del chico buscó alguna respuesta en Idril y ella sintió un escalofrío al volver a mirar esos ojos.
-¿Qué tiene que ver todo lo que me has contado conmigo? -preguntó Idril entre enfadada y confusa.
-Mucho. Pero sólo te he explicado lo necesario. No tienes porqué saber nada más. Confórmate con eso. Más tarde, mi padre te explicará otras cosas.
Acabó de hablar y salió por la puerta de la extraña habitación en la que se encontraba. Apenas había muebles, pero no estaba sucia. Sólo había una adornada cama, justamente en la que se había despertado.
Idril no esperó a que el muchacho se alejara más y fue tras él.
-¡Espera!
Evendil la ignoró y siguió andando. Pero ella lo alcanzó y lo sujetó por el brazo intentando evitar que se alejara más de ella. Evendil se giró y la miró. Idril se dio cuenta de que el chico esperaba a que ella hablase.
-No puedes irte.
Evendil levantó una ceja vacilante.
-Quiero decir que no me puedes dejar así. -añadió la chica.
Idril miró a ambos lados sin encontrar nada que ayudara a la chica a situarse en algún sitio que conociese.
-¿Dónde estoy?¿No vas a decírmelo? Esto parece un castillo...- Idril recordó cómo alguien le había tapado la boca cuando había intentado chillar la noche anterior- ¿Fuiste tú el que ayer...?
Evendil asintió.
-¿Por qué? -preguntó ella enfadada.
Sus ojos verdes centelleaban de ira, pues necesitaba saberlo todo. En ese momento no entendía nada. Alguien tenía que explicárselo. Como mínimo tenía que entender las circunstancias.
-Lo sabrás, pero todo a su debido tiempo. -se limitó a decir.- Allí -dijo señalando la habitación en la que Idril se había despertado-tendrás todo lo que necesites. Sólo es cuestión de pedirlo. Idril no entendía nada. Apenas había muebles y ahora ese tal Evendil le decía que disponía de todas sus necesidades. Decidió no llevarle la contraria y se fue, cansada, hacia la habitación. El niño ya no se encontraba allí. Ahora, los espacios vacíos de esa habitación eran reemplazados por preciosos muebles de madera, adornos, y caprichos. Idril entrecerró los ojos. ¿Estaba soñando? ¿Dónde estaba? ¿Quién era en realidad Evendil? Todo era tan confuso...
II
-Padre, es inútil. Dejémosla en paz. Sólo nos traerá problemas.
Esa voz gélida resonaba en esa inmensa sala iluminada por la luz de una vela. En la esquina de esa sala se encontraba la sombra de Beleg, el padre del chico.
-Evendil, no abandonarás. Empezamos juntos, y acabaremos juntos. Tus compañeros quieren seguir con el plan y tú no serás quien... -Beleg calló al observar como una pequeña silueta se acercaba a él.-Pequeño
Lol, ¿qué te trae a mí?
Lol formaba parte de la Orden de Beleg. Era uno de los más fieles acompañantes de Evendil e informaba al señor de las noticias de última hora. Solía vestir con sudaderas y pantalones anchos. Sus ojos oscuros al igual que su pelo mostraban una faceta misteriosa en su personalidad. Nadie lo diría pero, era una de las personas más inteligentes de la Orden, y también el más pequeño en ella.
-Es sobre Féfalas, el amuleto. Ha llegado a mis oídos que el Rey ha estado cerca de encontrarlo.
La herida de Beleg volvió a abrirse por innumerable vez. Sus emociones despertaron y provocaron que su cuerpo empezara a temblar.
-¡Coged a la chica y traédmela inmediatamente!
Evendil y Lol salieron asustados de la sala, aunque conocían esas reacciones en Beleg. Eran comunes en él cuando algo le molestaba o se enfadaba demasiado. Nadie podía quitarle a Beleg el odio que sentía hacia el más importante rey de esos tiempos: Ereinon.
Idril intentaba recordar algo más que le ayudara a entender dónde estaba. Pero lo último que recordaba era que se había desmayado ante aquel destello dorado cegador y aquel dolor de ojos. Hasta ahí podía llegar su memoria.
-Levántate.
Idril se incorporó sorprendida ante aquella orden.
-¿Por qué tengo que obedecer las órdenes de un extraño que ni siquiera me explica dónde estoy?
-Más te vale obedecer. -dijo Evendil tan frío como el hielo.
-¿Tengo que tomármelo como una amenaza? -vaciló Idril.
-Sí.
Idril se quedó callada ante aquella respuesta. No podía confiarse de nadie. Era mejor seguir las indicaciones de ese chico tan extraño que se hacía llamar Evendil.
Idril, entre Lol y Evendril, recorría un extenso pasillo oscuro iluminado por unas cuantas antorchas encendidas. Esa situación le producía escalofríos. Llegaron a su destino.
-Acércate chica.
El eco de esa profunda voz resonó en la sala.
Idril permaneció quieta desobedeciendo a ese desconocido. Tenía mucho miedo. Antes sólo había estado confusa creyéndose encontrar en uno de sus sueños, pero ahora estaba convencida de que no se trataba de ningún sueño. Todo aquello era completamente real.
Beleg exhaló un suspiro.
-Acércate. -repitió por segunda vez.-Mi paciencia tiene un límite como comprenderás.
Idril se acercó a ese desconocido poco a poco. Se dio cuenta de que las piernas le temblaban y temía caer al suelo en cualquier momento y en aquellas circunstancias. Llegó hasta él. Se le puso la piel de gallina, pero intentó disimular.
-¿Tienes miedo? -preguntó Beleg.
Idril asintió temerosamente.
-Bien. Si no lo tuvieras serías una insensata. Lo que voy a contarte es muy serio.
Evendil y Lol permanecían callados a la entrada de la sala observando la situación y sin mostrar ninguna expresión en el rostro mientras Idril se enfrentaba a una situación un tanto delicada.
La chica no entendía por qué tenía que tener miedo, pero tampoco quería conocer la respuesta.
-Sé todas las preguntas que están rondando por tu cabeza. -dijo Beleg andando hacia la zona iluminada de la sala. -Ahora responderé a alguna de ellas.
Cuando Beleg acabó de pronunciar esas últimas palabras, Idril observó su rostro. No era tan temible como lo era su voz. Por un momento la chica se tranquilizó un poco, pero aun sentía el miedo en su piel. En ese momento Beleg iba a aclararle algunas cosas a la chica, cuando Evendil se acercó a su padre. Algo le dijo entre susurros que Idril no pudo escuchar.
-Padre... sabes que a Ereinon no le afecta nada. Lo único que le importa son sus triunfos. No tenemos que incluir a la chica en esto. Es cosa nuestra...-dijo Evendil entre susurros- y sólo nuestra.
Beleg pensó durante unos instantes y pareció que Evendil lo había convencido cuando el hombre habló:
-No nos vamos a echar atrás. Pero sí que podemos modificar un poco las cosas...
-Ten cuidado con las decisiones que tomes, padre. –avisó Evendil.
Beleg lo asesinó con la mirada, por así decirlo.
-No dudes de un padre, menos aun siendo yo. Las decisiones que tomo suelen ser siempre las acertadas. –tras un corto silencio añadió-que la chica se una a la Orden.
Evendil abrió tanto los ojos que en un momento pareció que se le iban a salir. Y después de permanecer quieto unos instantes frente a su padre, se alejó de él sacudiendo la cabeza negativamente y dando el caso por perdido.
-Idril Vardimir –dijo Beleg esforzándose por recordar su nombre- siéntate.
Idril asintió con la cabeza y Beleg entendió que ya estaba preparada para escuchar.
-Nos encontramos en un mundo sumergido en las profundidades de la Tierra llamado Yaren. Es completamente inalcanzable por los mortales normales. –Idril iba a decir algo pero calló y dejó continuar a Beleg- Nunca habrás escuchado tales nombres, pero no te queda más remedio que escuchar y aprenderte lo que te cuento ahora. - Hizo una pausa y continuó-Situémonos en el año 3 después de Cristo. Los hobbits y los elfos eran las únicas especies que habitaban en Yaren en esos tiempos.
>>Los elfos eran los más fieles al Rey, muy al contrario que los hobbits. Pues el Rey tenía rasgos élficos y los hobbits odiaban ese pequeño detalle.
Idril escuchaba con especial atención, pero sin asimilar lo que estaba escuchando. A Idril estas cosas le fascinaban. Y escuchaba la historia como si escuchase un cuento.
-Razonablemente, siempre había existido un cierto recelo entre esas dos especies. Pero lo que vino a continuación sólo provocó el caos total y el odio a muerte entre hobbits y elfos. Un día, el Rey Teör descubrió un extraño amuleto en la capilla de su palacio, un amuleto dorado de forma triangular.
Idril no pudo contener la emoción un segundo más.
-¿Tengo algo que ver yo en esto? –dijo Idril alarmada.
-Calla y escucha. –ordenó Beleg severamente-Como iba diciendo... el Rey Teör encontró ese amuleto en la capilla de su palacio. Estuvo investigando el poder de ese amuleto durante años y años hasta dar en el clavo. Ese amuleto ofrecía el poder absoluto sobre la Tierra, pero para ejercer ese poder, se necesitaban unas palabras clave para activar la magia del amuleto Féfalas. La noticia de la existencia de tal amuleto fue un secreto a voces en Yaren. Y a raíz de tal noticia se desencadeno la furia de los hobbits, los cuales se revelaron contra el Rey. El Rey, en su defensa, confió plenamente en los elfos y les ordenó que protegieran a capa y espada Yaren y ante todo... Féfalas, el amuleto.
Idril tenía los ojos abiertos como platos. Seguía asustada, pero esta vez deseaba escuchar el desenlace de la historia.
-Bien. –continuó Beleg- los elfos siguieron al pie de la letra las órdenes del Rey. La situación empeoraba por momentos, hasta tal punto que Féfalas estuvo a punto de caer en manos de los hobbits. La guerra iba cada vez a peor, hasta que los elfos decidieron salvar a Féfalas antes de que fuera demasiado tarde. Enterraron el amuleto donde los hobbits nunca pudieron encontrarlo...
Evendil escuchaba atentamente junto a Lol como si fuera la primera vez que escuchaban aquella historia. Siempre les había fascinado.
-¿Dónde enterraron el amuleto?¿quién ganó la batalla? –preguntó Idril sedienta de más información.
-Los hobbits asesinaron al Rey Teör, y los elfos no tuvieron mas remedio que salvar a Féfalas, ya que se dieron cuenta de que ellos no saldrían con vida de aquella guerra contra los hobbits. –contestó Lol.
Idril se encogió.
-Nadie sabe donde se encuentra Féfalas en estos momentos. –añadió Evendil.
-Pero hay alguien que ha estado a punto de encontrarlo...
-¿Quién? –preguntó Idril.
-Ereinon. El que ahora reina Yaren.
Idril iba a hacer más preguntas pero la puerta de la sala fue derribada por una chica morena de pelo corto y ojos oscuros que guardaban un gran parecido a los de Lol.
Beleg, Lol y Evendil se giraron hacia la chica buscando respuestas a esa interrupción.
La chica morena parecía preocupada.
-¡Ceres! ¿qué sucede? –Beleg mostraba sorpresa en su rostro- Tú deberías estar en...
-Lo sé, lo sé, Beleg. En cambio me encuentro aquí...traigo noticias.
Idril la miraba con admiración. Esperaba escuchar algo que la sorprendiese aun más que lo que Beleg le acababa de contar.
Ceres se dio cuenta de la presencia de la chica y la miró por encima del hombro, con desprecio y con aire de desconfianza.
Idril se sintió incómoda y desvió la mirada hacia otro lugar.
-Ereinon se ha enterado de las últimas noticias. Parece ser que nadie puede ocultarle nada, tiene demasiado poder para que intentemos desafiarle...y está dispuesto a matarlo–la chica morena se estremeció.
-¿Sabe ya lo de la chica? –preguntó Ereinon enfadado.
Ceres asintió.
-¡Pero cómo demonios...! –Ereinon arrojó una copa que había encima de la mesa, la cual chocó contra la pared y se hizo añicos.
El impacto de la copa contra la pared resonó en la sala. Idril sintió la necesidad de hablar pero decidió callar.
-Hay algo que aun no sabes. Evendil te lo contará si lo cree necesario durante el trayecto. –Dijo Beleg dirigiéndose a Idril.
<<¿Qué trayecto?>> Pensó Idril. También se preguntaba qué era lo que Evendil tenía que contarle. Mientras tanto intentaría vivir esa situación con calma y normalidad, aunque eso le pareciese completamente imposible.
Pero ante la tal Orden de Beleg, y los que la formaban, no pudo discutir nada. Ninguno de ellos le inspiraba demasiada confianza... y aun menos la tal chica llamada Ceres.
III
Beleg informó a la Orden cómo llegar hacia el sitio al que tenían que ir. Mientras la Orden escuchaba, Idril permanecía callada en un rincón de la sala. Pensó tanto desde que había despertado en aquella habitación la cual no era la suya, que había llegado a una conclusión. Supuso que todas las cosas que pasan, pasan por algo, así que alejó un poco sus preocupaciones y decidió vivir el momento, fuera agradable o desagradable. Se olvidó durante unos momentos de sus padres, los cuales estarían durmiendo aun en su cama de matrimonio de Nueva York, de sus amigos ingleses, y de todo lo demás. Sintió un escalofrío al darse cuenta de que unos ojos estaban clavados en ella. Al principio sospechó de los de Evendil, pues esa mirada le producía un acumulo de sensaciones. Pero no era él, sino Ceres. Idril se sumergió en los ojos de Ceres. Intentó descubrir algo en aquella mirada, pero fue en vano.
Recordó como los había interrumpido y la información que Ceres había confiado a Beleg.
Idril sintió como las cosas empezaban a encajar. Se dio cuenta de que la Orden de Beleg haría todo lo posible para que el que ahora gobernaba Yaren no encontrara el amuleto Féfalas. Si los de la Orden no querían que el amuleto que otorgaba un poder absoluto sobre la Tierra cayera en manos de aquel Rey, tendrían suficientes motivos para defender a capa y espada sus pensamientos e intenciones.
Idril recordó que aun seguía sumergida en los ojos negros de la chica morena. Apartó la mirada para dirigirla hacia el suelo y se acordó de lo que le había dicho Beleg. Aun había muchas cosas que no sabía, pero una de ellas debía de ser muy importante, para que el que se la revelara fuera Evendil. Se preguntó qué sería.
-Vamos, chica, espabila, no tenemos todo el día. –dijo Ceres.
Idril se levantó lo más rápido que pudo y adoptó una postura de firmeza.
-Lol y yo nos quedamos aquí. –informó Beleg a Idril-así es como trabajamos. Lol se encarga de recoger información en sitios donde nadie podría acceder. Y yo, jefe de la Orden, permanezco en este castillo. Alerta y controlando la situación.
Idril asintió y Beleg vio que la chica lo había captado bien. Empezaba a arrepentirse por las absurdas ideas que había pensado llevar a cabo con la chica.
-Toma esto, durante el trayecto, quiero que observes bien este pergamino donde hay grabado el mapa completo de Yaren. Detrás describí hace tiempo las características más importantes de las ocho regiones que la forman. Te pondrás al día en un momento.
Idril cogió el pergamino cuidadosamente y le dio las gracias.
-Vardimir. –añadió Beleg nombrándola por su apellido-no nos temas, puedes confiar en la Orden.
Beleg había sentido la necesidad de decirlo al ver a la chica un poco asustada, perdida e indecisa. Sus ideas hacia ella habían cambiado.
-Lo sé. –dijo Idril. Aunque no estaba segura de lo que sabía o no, pero creyó que era la respuesta más adecuada en esos momentos.
Ceres la estaba mirando con repugnancia.
-Nos vamos. –dijo Evendil-Seguiremos rigurosamente tus planes, padre. Puedes apostar por nosotros.
-Eso espero, hijo. Tened cuidado.
Esas fueron las últimas palabras de Beleg antes de que Evendil, Ceres e Idril travesaran la puerta principal del castillo de la Orden. Lol les despedía con la mano. Idril sintió afecto por ese pequeño, siempre había deseado tener un hermanito, y Lol tenía su gracia. Un ramalazo de nostalgia la sacudió al acordarse de sus padres. ¿Cuánto tiempo estaría sin verlos?
<
Un pequeño carruaje los esperaba fuera del castillo, en medio del camino. Era lo suficientemente grande para que fueran tres personas. También les esperaban dos grandes y hermosos caballos dispuestos a tirar de él.
Idril se sorprendió al ver tan cerca un carruaje de ese tipo. Era ya muy viejo. Londres y Nueva York eran muy diferentes al lugar donde ahora se encontraba. Las ropas, vehículos, edificios, viviendas... Evendil pareció tener en cuenta esos pequeños detalles.
Se sacó una extraña varita del bolsillo, se apuntó a sí mismo, pronunció una indefinible palabra, y su vestuario cambió radicalmente. Ropas del siglo veintiuno habían sido reemplazadas por grandes trapos negros. Ceres imitó al chico haciendo lo mismo. Pero en este caso los trapos de la chica fueron diferentes a los de Evendil. Ceres llevaba un hermoso vestido pero que a ella misma le horrorizó y lo maldijo tanto como quiso.
-Pues a mi me gusta. –dijo Evendil en tono burlón-sin duda, es tu estilo.
-Cierra el pico Evendil. –amenazó Ceres.
Idril sonrió interiormente e intentó subir al carruaje después de Ceres, pero ésta se había estirado tanto que Idril no podía subir. Evendil se dio cuenta y le lanzó una mirada desagradable a Ceres. Estaba clarísimo que lo había hecho adrede.
-Déjame que te ayude. Sujétate a mi. –propuso el chico.
Idril cogió la mano del chico y, al igual que le ocurría al mirarlo le volvió a ocurrir cuando rozó su mano. Consiguió subir, aunque sonrojada.
-Gracias.
Evendil fue hacia los caballos. Los acarició y luego se dispuso a guiarlos. No era la primera vez que lo hacía, pero cada vez que tenía que guiarlos necesitaba ganarse antes la confianza de los animales.
-¿Por qué estas sonrojada?-preguntó Ceres cuando las dos estaban a solas dentro del carruaje.
-Ah...¿yo? por nada. Me pasa cuando tengo frío. –mintió Idril.
-Ya. –dijo Ceres burlándose de la chica.
Idril intentó disimular mientras desenrollaba el pergamino y lo abría para estudiarse el mapa. Miró de reojo a Ceres. Ceres le pareció una chica muy atractiva, pero a la vez competitiva, celosa, rencorosa, y tozuda.
Las dos chicas eran completamente diferentes. Pero Idril sentía admiración hacia Ceres. Era muy guapa y parecía estar siempre muy segura de todo lo que hacía. Idril esperaba algún día adoptar esa característica en su personalidad.
Idril se centró en el pergamino que Beleg le había dado y se lo quedó observando fijamente durante unos instantes. Ocho regiones formaban el inexistente Yaren para los mortales normales. Una gran isla, y otras dos pequeñas apartadas de la mayor.
La grande tenía una forma extraña, indefinida. Según la imaginación de Idril adoptaba la forma de un pájaro volando hacia el este. Observó las regiones y a la vez las descripciones que las acompañaban:
·Great Smils: región situada en la parte más alta de la isla mayor. Altísimas montañas acompañadas de una densa niebla que día a día las envuelve. Habitan gigantes y hobbits. Suelen ser muy peligrosos.
·Sackville: concentra pequeñas características de Great Smils. La mayor parte de Sackville es ocupada por profundos bosques, espacios escondidos, cuevas y criaturas que habitan allí. Cuidado con la criatura más peligrosa que ronda por esa zona. Los centauros.
·Tuckborough: la región más grande de Yaren. Bosques-laberintos en los que en muchísimos casos se han perdido personas, seres y criaturas. Quien se atreva a cruzar esos bosques quedará en el olvido, a menos que increíblemente se encuentre con alguna de las pequeñas cabañas situadas entre esos grandes bosques donde viven los ‘’fergales’’. Ancianos que se encargan de que no caigas en el olvido pasando por Tuckborough (únicamente fueron encontradas 5 cabañas).
·Blamberose: situado al este de Yaren. Inmensos prados donde entre ellos se encuentra la famosa Escuela para magos ‘’Withfurrows’’. Poca gente lo sabe pero Withfurrows está cubierta bajo un hechizo protector.
·Hilloks: la ciudad más mágica del mundo. Habitada por hadas, elfos, criaturas mágicas, y hasta hobbits que decidieron rehacer su vida después de la guerra contra los elfos. Todos viven en paz.
·Deephollow: situado en la costa oeste. Allí se encuentra el puerto principal de Yaren. Deephollow es básicamente comercial. Accesorios para realizar hechizos, alimentos, caprichos, animales... todo lo que necesites estará allí.
·Overhill: ubicado en la segunda isla que forma Yaren. Está completamente desierta. Quedó completamente arrasada por los hobbits. Nadie ha pisado ese trozo de tierra desde que acabó esa guerra.
·Blumberotte: situado en la isla más pequeña de las tres que forman Yaren. Allí únicamente habita toda la realeza, los sirvientes y los esclavos. Quien se atreva a entrar en esa región sin permiso del Rey, se convertirá en su esclavo automáticamente.
Idril apartó los ojos de ese pergamino y recordó todas las características que acababa de leer de cada región. Se acordaba de lo más importante de cada una. Eso era bueno.
-Increíble,¿eh? –dijo Ceres refiriéndose a Yaren y a sus ciudades.
-Sí. –dijo Idril a la vez que asentía con la cabeza sorprendida.- Por cierto, ¿dónde vamos?
-No tendría porqué contarte nada... –dijo Ceres arrastrando las palabras- Ereinon planeó el secuestro de un miembro de nuestra Orden, Peter. Lo secuestraron para obtener información que ellos aun no sabían del amuleto, Féfalas. Pero un día consiguió escapar de Blumberotte. No sabemos cómo, pero lo hizo. Hay rumores que dicen que Peter cruzó el bosque de Tuckborough y cayó en el olvido. –Ceres suspiró- pero no creemos en esos rumores y ahora vamos a buscarlo.
Idril se sorprendió al saber que aun había alguien más perteneciente a la Orden. Un tal llamado Peter...
-Ah...Ceres. –Idril se atrevió a nombrarla- ¿En qué región nos encontrábamos antes?
-En Hilloks, sin duda.
Ceres cerró los ojos e intentó dormir, pero no lo consiguió. No dejaba de pensar en cómo se encontraría en esos momentos Peter y en la mocosa que tenía a su lado. Desde el principio le había caído realmente mal sin saber por qué. Ni siquiera iba a poner de su parte para cambiar esa opinión que tenía sobre Idril. Es más, como le robara mucho la atención de Evendil, le haría la vida imposible a la chica.
IV
El murmullo de los pájaros parecía cesar lentamente. La noche confundida esperaba encontrar su total protagonismo aquel día. Poco a poco el Sol iba desapareciendo para ser reemplazado por una bonita y grande luna. La Luna se incorporó. Aquella noche no estaba sola, aquel día la acompañaban simpáticas estrellas.
Estas resplandecían e iluminaban un pequeño carruaje, ahora parado, que se encontraba en medio del camino. En su interior Idril parecía dormida, pero no lo estaba. Sólo fingía estarlo y así poder disfrutar de un rato libre para pensar y organizarse las ideas.
Unos finos dedos se posaron sobre sus labios sorprendiéndola. Idril asustada abrió rápidamente los ojos.
Evendil se encontraba frente a ella. La chica volvió la cabeza hacia su derecha. Ceres dormía. Idril suspiró aliviada. No era tonta, se había dado cuenta de que no le había caído con mucha simpatía a la chica. Se acordó de la pregunta que le había hecho Ceres al entrar en el carruaje. No era muy aconsejable enojar a la chica morena. Tenía mucho carácter.
Volvió la mirada hacia Evendil. El chico la estaba mirando. Idril se quedó mirando al chico esperando a que éste dijese algo. Evendil le tendió la mano a Idril. La chica respondió agarrando la mano del chico y bajando del carruaje, lentamente apoyándose en él e intentando hacer el mínimo ruido para que Ceres no se despertase.
El viento sacudió el pelo rubio de la chica y ésta se lo apartó rápidamente de la cara. En cambio, Evendil, llevaba mechones oscuros de cabello tapándole sus misteriosos ojos grises que todo lo intentaban esconder.
-Ven, quiero contarte algo–dijo el chico-.¿Te parece bien que nos sentemos?
-Me parece bien–respondió Idril-.¿Es sobre lo que dijo Beleg que tenías que contarme?
-...Más o menos.
Se adentraron un poco en el bosque hasta que Evendil decidió sentarse en la hierba recostado sobre el tronco de un árbol. Idril le imitó.
-Siento haber sido tan frío contigo al principio–se disculpó Evendil-.Ante desconocidos es nuestra manera de actuar.
-No importa–Idril dudó un momento-.¿Ahora no me vas a tratar como a una desconocida?
-Tengo motivos para no hacerlo. Te conozco mejor que tu a ti misma.
Idril mostró una sonrisa burlona en su rostro.
-Eso es imposible. Hace apenas un día que me conoces.
-Créeme. No lo es.
Su rostro empleó un aire de seriedad que Idril nunca había visto. Estaba segura que en ese momento iba a contarle algo muy importante, algo que le era imprescindible saber para seguir con esa aventura increíble que parecía estar viviendo.
-Te sonará completamente irreal, Idril, pero es la verdad y tienes todo el derecho a saberla..
Idril prestó atención. Puso todos sus sentidos en Evendil.
-Verás, hace 15 años Ereinon tubo una hija–empezó a contar el chico-. Aquella hija nació enferma. Era inmune a la magia y eso era lo peor que le podía ocurrir a cualquier habitante de Yaren. Fue una gran decepción para el Rey. Aquella hija, la cual tubo muchísimo protagonismo aquí por cuya enfermedad, avergonzó a la realeza y a toda la población–Evendil tomó aire-.Ereinon iba a desprenderse de su hija cuando unos humanos como nosotros se ofrecieron voluntarios a llevarse al bebé a su casa, situada en la Tierra normal. Preferían tener que cargar con aquella criatura adorable, que ver como el Rey, su propio padre, se deshacía de ella.
-Vaya...Parece ser que lo que fluye por las venas del Rey Ereinon no es precisamente sangre... sino veneno. –opinó Idril molesta.
Evendil asintió.
-Idril...¿no sospechas de nadie? –preguntó el chico tristemente sin saber que más añadir a aquella historia para que Idril se diese cuenta de todo.
La chica pensó la causa de aquella pregunta. ¿De quién tenía que sospechar ella?
Se llevó las manos a la boca y abrió los ojos más de lo normal.
-...¿Qué insinuas?... ¿qu...é? –dijo Idril entrecortadamente.
Evendil se acercó a ella.
-Lo siento chica...tenías que saber la verdad. Sería injusto que no te lo hubiésemos dicho. Idril...tu eres esa chiquilla. La hija de Ereinon...la que nació inmune a la magia y la que fue adoptada por humanos semi-magos.
En los ojos verdes de Idril se asomó una lágrima pidiendo a gritos desprenderse y resbalar por sus mejillas, y la chica le dio permiso para ello.
Evendil no sabía que hacer en esa situación. Nunca había visto llorar a una chica. No sabía que era lo que tenía que hacer en esas ocasiones.
-Tranquila... –dijo el chico intentando que sonara lo más tranquilizador posible.
-¿Cómo me han podido ocultar mis padres esto durante tanto tiempo? –susurró Idril sollozando.
-Los semi-magos saben apañárselas muy bien. No han vuelto a Yaren desde entonces.
Idril no podía asumir tanta información. No podía creer que hacía apenas un día estaba tumbada en su cama de Nueva York intentando desaparecer de la horrible vida que llevaba. Ahora no sabía que hacer, cómo actuar... no sabía nada. Pero aun tenía dudas.
-¿Por qué vuelvo a estar aquí? –consiguió decir.
Un incómodo silencio se formó después de que la chica formulara esa pregunta.
-Al principio decidimos traerte aquí... –Evendil dudó si contárselo o no-...porque Ereinon secuestró a uno de los nuestros, a Peter. Pensábamos vengarnos trayéndote de vuelta a Yaren.
>>Si Ereinon se enteraba de que estabas aquí, haría todo lo posible para que nadie se enterase. Íbamos a chantajearle. Pero rápidamente cambiamos de opinión.
-¿Y por qué no me traéis de vuelta a casa?... –dijo Idril con la cara empapada en lágrimas.
-Puedes volver si quieres...
Evendil apartó la cara, y dirigió la mirada hacia otro lugar. Le entristecía pensar que Idril quisiera marcharse, aunque eso era lo más razonable.
Volvería con su familia y se libraría de toda esa estúpida aventura.
-¿Cómo que puedo volver? –preguntó Idril secándose las lágrimas.
Evendil volvió la cara hacia la chica.
-Sí, puedes. Desde el puerto principal de Deephollow puedes trasladarte de Yaren hacia la Tierra normal. Suena extraño, y cualquiera no puede salir de Yaren, pero Beleg sabe lo necesario para que tu puedas volver.
Idril pensó y pensó. Pero en esos momentos no podía pensar con tranquilidad. Tenía que tener la mente despejada.
-Mañana hablaremos sobre todo esto. Piénsalo. Si decides volver, te acompañaremos hacia Deephollow. Tus padres, los humanos que te adoptaron aquí en Yaren, no se darán cuenta de que has estado aquí. Cien días aquí, es un día allí. Sólo han pasado doce minutos en Nueva York–Evendil calló un momento y añadió-...Esta noche paramos aquí antes de adentrarnos más en el bosque, no podemos correr ningún tipo de riesgos.
-Tu y Ceres dormiréis dentro del carruaje, yo me quedo fuera junto a los caballos, vigilando... Buenas noches.
Idril le deseó también las buenas noches mientras se secaba las últimas lágrimas que se habían atrevido a descender de sus ojos en esos instantes.
Había sido un día durísimo. Es más, el día mas duro y extraño de su vida.
V
Idril abrió lentamente los ojos y se dio cuenta de que ya había amanecido.
Se desperezó y se levantó para salir del carruaje. Allí Evendil hablaba con Ceres animadamente.
-Buenos días.
-Buenos días Idril-dijo Evendil-. ¿Has pensado ya lo suficiente como para darme una respuesta?
Sabía que el chico se refería a lo de anoche. Quedarse en Yaren, o ir de vuelta a casa, junto a sus...¿padres?
Había pensado mucho durante toda la noche. Tanto que ya había tomado una decisión.
-Sí. –respondió.
-¿Y qué decisión has tomado? –preguntó Evendil interesado.
Idril pensó en cómo decirlo, pero sólo existía una manera de hacerlo. Y era muy simple. No tenía por qué sentir lástima. Apenas los conocía y había sido involucrada por equivocación. Estaba segura.
-...Quiero volver a casa.
En ese momento Evendil sintió como si le hubieran clavado una estaca en el pecho. Sintió inseguridad. Rabia e impotencia.
Pero si la chica no quería acompañarles, él no sería el que fuera a impedírselo.
-¿Estás segura? –preguntó Evendil muy molesto.
-Sí.
Ceres le lanzó una mirada espeluznante, pero a Idril le dio exactamente igual. Durante todo ese tiempo se había sentido despreciada por la mayoría de gente que la rodeaba. Quería que eso formase parte del pasado.
-¿Por qué me miras así? –preguntó Idril cuando Evendil ya se había alejado.
Ceres le giró la cara y se alejó lentamente.
Idril recorrió una parte del bosque de Tuckborough, sin alejarse demasiado del carruaje. Pasó por donde anoche había estado hablando con Evendil.
Allí estaba él, pensando, ausente...
-Hola.
Evendil subió la cabeza lentamente hacia ella. Un silencio incómodo tomó riendas de la situación.
-Mañana partiremos hacia Deephollow, pero antes de irnos tenemos que buscar a Peter. Espero que no te importe.
-No me importa. Además, siento curiosidad por conocer a Peter.
-Lo conocerás si logramos encontrarle. –dijo Evendil estremeciéndose.
Idril no mentía. Quería conocer al otro chico que formaba parte de la Orden.
Después de pasar la tarde por esa zona, Evendil decidió cambiar el vestuario de Idril por otro mucho más adecuado a la situación. Un vestido parecido al de Ceres, pero de un tono más claro. Unas mangas anchas se desprendieron de los brazos de la chica, y una pequeña corona de flores inundó su cabellera. Ésta se lo arregló a su manera, vergonzosamente. Evendil miró a Ceres, y a continuación a Idril. Había un gran parecido entre esas dos chicas, y a la vez muchísimas otras cosas que las diferenciaban completamente.
-Es hora de avanzar camino-dijo Evendil-.Hemos perdido mucho tiempo. Avanzaremos hasta encontrar pistas que nos lleven hacia Peter. Si encontramos alguna cabaña de algún fergal, pararemos en ella para preguntar.
-Bien-respondió Ceres-. Pero déjame ahora conducir a mi el carruaje.
Ceres le suplicó con la mirada. Y a éste no le quedó otra alternativa que aceptar.
-Esta bien, supongo que ya has demostrado suficiente-dijo Evendil-. En cualquier caso, si hay algún problema, avísame antes de tomar alguna decisión. ¿Entendido?
La chica asintió. Idril y Evendil subieron al carruaje y se acomodaron en él.
Evendil no habló durante todo ese tiempo, hasta que Ceres gritó alarmada desde fuera.
El chico salió rápidamente del carruaje. Idril le siguió, asustada.
¿Qué habrá pasado?-se preguntó.
-¡Date prisa, Ev! -dijo Ceres-Ven aquí y observa.
Evendil hizo caso a la chica y observó.
Enormes árboles se extendían en dirección vertical negando la visión del claro cielo azul de ese día. Imponían bastante. Tenían ya mucho años de vida. Sus ramas eran muy grandes y extensas.
Otra observación curiosa eran las raíces de ese tipo de árboles , pues estaban muy bien arraigadas al suelo.
Allí, en una de las grandes raíces que poco a poco penetraban en el suelo, se encontraba una pequeña bota.
Evendil la reconoció rápidamente.
-¡Es de Peter!-gritó el chico-No debe andar muy lejos. –Evendil pensó-Bueno, quién sabe...
El muchacho cogió la bota. Era negra y estaba ensuciada de barro y demás. Ceres sacó de su bolsillo un pequeño pañuelo plateado y frotó la bota quitándole un poco la suciedad.
-¿Qué vamos a hacer?-preguntó Idril.
-Continuar. Tenemos que seguir hasta encontrarle.-respondió el chico.
-Sí, y ¿qué mejor forma que siguiendo su rastro?-dijo Ceres señalando pequeñas huellas gravadas en el barroso suelo aún reconocibles.
Se diferenciaban dos tipos de huellas. Las huellas de un pie descalzo, y las huellas que había dejado la bota.
Los chicos empezaron a seguir las huellas que supuestamente su amigo había dejado. Ceres llevaba una cuerda atada a su mano, con la cual conducía a los dos caballos que arrastraban el carruaje.
-Por alguna extraña razón se quedó la bota en aquel lugar...-dijo Ceres.
De pronto, allí, a lo lejos, un intenso humo negro se extendía por el aire.
Evendil y Ceres sabían de donde provenía. Idril se lo imaginaba.
Siguieron las huellas hasta llegar al lugar que provocaba aquel humo.
Habían llegado hasta la cabaña de un fergal. Uno de esos ancianitos que te rescatan de esos terribles bosques en los que puedes caer en el olvido.
Efectivamente, habían dado en el clavo. Poquísimas personas habían visto en su vida una cabaña de fergal.
Primera. Porque nadie se atrevía a cruzar esos bosques.
Segunda. Quien pasaba por Tuckborough posiblemente caería en el olvido.
Pero Ceres y Evendil sabían arreglárselas. Idril se dio cuenta de lo que estaba sucediendo. Se sintió afortunada de vivir una experiencia tan extraña. Pero se acordó de que dentro de poco esa experiencia llegaría a su fin.
El muchacho llamó a la puerta inseguro mientras Ceres dejaba a los caballos junto al carruaje en la parte trasera de la cabaña.
Nadie contestó.
Evendil volvió a llamar insistívamente. Y ésta vez, golpeando el pomo contra la puerta mucho más fuerte que la vez anterior.
Esperó hasta que un hombre, ya mayor, le abrió la puerta.
Evendil lo ojeó rápidamente, como si se tratase de un libro. Lo inspeccionó en cuestión de segundos.
La piel del anciano estaba ya arrugada y seca. Un tanto deshidratada. Apenas quedaba cabello en su cabeza, y los pocos pelos que permanecían, estaban canosos. En el rostro del anciano se percibía amabilidad, pero también mucho cansancio a sus espaldas. El cansancio se le notaba en esas profundas ojeras que albergaban en su cara, y en esos pequeños ojos apagados.
-Buenos días. ¿En qué puedo ayudarles?-preguntó el anciano amablemente.
(Inacabado)

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